EL TRABAJO, UNA FORMA DE CONTRIBUIR A LA VIDA
«Ser humano, es ser productivo»
Imaginemos un carro, si lo dejamos por mucho tiempo sin ponerlo a funcionar, terminará por deteriorarse, pero si lo ponemos a funcionar por demasiado tiempo, entonces, al estar por encima de sus capacidades, se destruirá. Así, con nosotros, los seres humanos, la ociosidad en exceso deteriorará la vida; pero conocer sus límites también será útil para no destruirnos por una acción saturada.
El sentido del trabajo
Hace unos días escuchaba un documental sobre la creciente depresión en las nuevas generaciones. La pregunta recurrente de los jóvenes era: ¿Por qué debemos trabajar?.
Sabemos que trabajamos para proveer nuestras necesidades básicas o las de nuestras familias y también para darnos gustos con algunos placeres de la vida, si el presupuesto lo permite. ¿Pero, es realmente esta la esencia de la vida? ¿Cuál es el sentido profundo del trabajo?, cuando terminamos nuestro trabajo al final del día, ¿realmente nos sentimos plenos? ¿Cómo podemos sentir un deseo real de retornar al trabajo y sentirnos productivos cuando están por terminar las vacaciones?
"Un noble que amaba saborear la existencia, contrató a un campesino para que todos los días estuviera en uno de los salones de su palacio, agitando su horquilla de atrás hacia adelante, como lo solía hacer en el campo. El noble veía con satisfacción el movimiento del campesino durante horas y, a cambio, le retribuía este servicio con una gran suma de dinero. Después de haber distraído al noble durante algunos días, el campesino se rehusó a continuar.
-¿Es que no te pago lo suficiente? replicó estupefacto el noble. Yo te pago muchísimo más de lo que tú ganarías en tu campo, además, no debes hacer tanto esfuerzo.
-Usted no lo comprende. respondió el campesino. Aun cuando no requiera de tanto esfuerzo, no puedo continuar haciendo algo que es enteramente inútil. Prefiero trabajar más duro en un trabajo fecundo, que ganar mucho dinero con una labor esteril."
Para algunos el trabajo es una actividad vital, reconfortante, mientras para otros, el trabajo es una verdadera tortura. ¿Cómo encontrar un equilibrio? ¿Cómo encontrarle al trabajo un significado más profundo, sin ser consumidos por él? No es un secreto que a todos, en algún momento, se nos ha ocurrido, al menos como un pensamiento cruzado, la famosa pregunta: ¿Por qué estoy aquí?
Todos aspiramos en últimas a la felicidad, al bienestar, a una vida sin contrariedades, pero ¿cómo lograrlo cuando el trabajo puede llegar a convertirse en una rutina fastidiosa, aun cuando sabemos que esta es una parte necesaria de nuestra condición humana?
«Todos los seres humanos fueron creados para el trabajo» dice un antiguo texto. Por naturaleza, detestamos recibir algo por nada, tampoco hallamos la satisfacción en algo a lo cual no le veamos su utilidad. Dicen los sabios que todos vinimos a introducir al mundo una dimensión divina, y aunque por más que parezca que esa finalidad espiritual es ajena a nosotros en el cotidiano, es ese deseo interno lo que activa nuestra aspiración de sentirnos útiles para los demás.
La pregunta es, ¿Por qué si los sabios dicen que fuimos creados para la labor, aspiramos tanto al descanso de los fines de semana o al reposo de las vacaciones? La respuesta: Porque tenemos cuerpo y alma. Dos dimensiones con dos necesidades paralelas. El cuerpo necesita reposo porque se cansa, mientras el alma necesita acción, es la pulsión, la fuerza motora que nos impulsa a la aspiración de sentirnos útiles para los demás.
El trabajo es el medio que nos permite darnos a nosotros mismos para contribuir a la vida.
El trabajo es el regalo que se nos ha dado para sentirnos socios con la creación, es la expresión natural de la dimensión humana. Más allá de hacer dinero o satisfacer nuestra comodidad, el trabajo nos permite contribuir con nuestro esfuerzo a la producción de un uso fecundo para la vida, por eso se dice que reviste una dimensión divina.
Todos en realidad tenemos una labor intrínseca desde el nacimiento. El trabajo del niño, aunque no sea productivo ganando dinero, es ser productivo a través de la educación, desarrollando sus facultades durante los años de maduración. El anciano, bien que ya no es productivo con su físico, lo es aportando consejo a los jóvenes, desarrollando más sus capacidades intelectuales. Inclusive durante las vacaciones, las personas en edad activa laboral poseen la facultad de trabajar en su desarrollo humano, espiritual.
Cada ser humano posee enormes capacidades, aptitudes y recursos invaluables para desplegar en beneficio de sí mismo y de los demás. Cada ser humano es único y en su unicidad puede aportarle fuerza a la humanidad. Como una célula dentro del cuerpo humano que contribuye, con todo su potencial único, a su correcto funcionamiento y bienestar.
¿A dónde se va la energía de nuestro trabajo?
El trabajo en sí mismo no tiene el objetivo de proveernos felicidad. Grandes empresarios, mujeres de negocios, prestigiosos personajes han reconocido que, pese al éxito aparente de su labor, sus carreras solo les han dejado un sinsabor, un sentimiento de vacío. ¿A dónde se va entonces la energía intensa que imprimimos a una labor?. La respuesta es que el trabajo, en su sentido más espiritual, está diseñado para aportar un bien más elevado, para imprimir una huella única en este mundo. Sea la labor que sea, al llevarla a cabo con la conciencia de que la ejecutamos para perfeccionar este mundo y hacerlo un recipiente de bien, nos servirá de vehículo conector entre las aspiraciones del alma y las necesidades del cuerpo.
Es por ello que todo lo que venga a nuestras manos hacer deberíamos hacerlo empleando todas nuestras fuerzas para asegurar el éxito de nuestra empresa personal: es decir, usar todas nuestras aptitudes físicas e intelectuales, haciendo del trabajo un vehículo de nuestra esencia divina al servicio de la humanidad.
El éxito de una labor en realidad no se mide únicamente por los números favorables en un balance, sino por la conciencia permanente de que ese trabajo ha producido un fruto virtuoso para alguien más, sin medir si nuestra contribución ha sido desde un cargo directivo o desde un puesto como subordinado. En este sentido, la energía de nuestro trabajo tendrá una impronta de eternidad. En nuestro cuerpo, conduciendo nuestras acciones con honestidad, responsabilidad y distribuyendo parte de nuestras ganancias a las acciones de caridad. Si lo que llevamos a cabo es una labor de voluntariado, debemos velar porque nuestra energía puesta en ella de un fruto durable con relación a los esfuerzos invertidos.
¿Por qué suele suceder que perdemos tiempo productivo en nuestros trabajos? ¿Cómo es que a veces nos encontramos cansados, aburridos o sin ningún tipo de concentración en las misiones que se nos han encomendado?. La respuesta puede tener muchas aristas, pero una de ellas: nos desconcentramos cuando no le estamos encontrando un sentido último a lo que estamos haciendo, cuando no logramos conectar el bien último de nuestro trabajo con un compromiso generoso y bondadoso hacia su consecución. Es importante recordarnos continuamente que el cuerpo es quien necesita reposo, mientras el alma, siendo nuestra fuente de energía espiritual, no conoce este concepto, pues tal como la naturaleza, está en continuo proceso creativo, en constante evolución. Así mismo, nuestro potencial para hacer el bien nunca tiene límites. En nuestro cotidiano, cuando el cuerpo se cansa, una solución eficaz es tomar pequeñas pausas, utilizándolas para reconectar con lo divino que habita en nuestro interior.
Descubriendo la luz que se oculta tras una labor difícil
Es cierto que nos cansamos, que en este mundo encontramos dificultades, obstáculos, momentos de vacío o crisis desesperantes. Sin embargo, son precisamente las dificultades las conductoras hacia la revelación de nuestro potencial más sublime. Un artista debe pasar por grandes momentos de frustración y dolor antes de ver nacer una obra creativa. Una mamá pasa por el tormento de los dolores de parto con el fin de tener en sus brazos al niño.
¿De dónde podemos sacar fuerzas para superar los obstáculos de nuestro trabajo y transformarlos en medios de plenitud, de realización personal? Concibiendo a esa misión como un medio para cumplir nuestra misión de vida. Indiferentemente de nuestro ambiente laboral, del rechazo que pueda producir una orden de un superior o del capricho del ego de nuestros compañeros de trabajo, podemos observar que esa actividad que estamos llevando a cabo es una etapa de nuestro compromiso con la Vida, con nuestra familia y con la sociedad. Es una actitud muy saludable considerar que esa labor conduce a una realización más elevada cuando nos llegamos a sentir desbordados por ella. Lo que parece insuperable, entonces, se transformará en una oportunidad para una nueva realización.
Abordar las dificultades desde una perspectiva positiva y sana nos permite hacer de las frustraciones el trampolín para explotar nuestra determinación y nuestra motivación. Concentrándonos en nuestras prioridades espirituales es como nos aseguramos que nuestro trabajo nos llevará hacia una zona de productividad y virtuosidad. Así, cada día que te levantes para iniciar tu labor piensa nuevamente en el objetivo espiritual que lograrás por medio de ese trabajo. “Hoy haré que mi lugar de trabajo sea un lugar de bondad”, “Hoy comenzaré dando ejemplo al saludar a todos, invitando con esta acción sencilla a la fraternidad”, “Hoy seré el eslabón que necesita la cadena productiva de mi empresa para hacer que el producto final impacte positivamente la vida de nuestros clientes”.
Si trabajamos duro para ganar dinero, ¿por qué no hacerlo también para lograr la realización espiritual?. El premio nobel de la paz no existiría si no existiera la guerra. Los profesores no lo serían si no existiera la ignorancia, los médicos sin la enfermedad, ni la filantropía tendría sentido si todos gozáramos de abundancia. La humanidad está a atravesando por una nueva etapa en la que la tecnología cada vez más tiende a evitarnos la fatiga física, serio indicio de que, más allá de simplemente cumplir una labor corpórea, la naturaleza nos está invitando a invertir todos nuestros esfuerzos, sacarle provecho y ser más eficaces que nunca antes en vencer todo mal.
Interrógate cada día en la noche, ¿invertí hoy todas mis fuerzas en hacer el bien por medio de mi labor?






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