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Cuando las máquinas puedan hacer más, ¿qué elegiremos seguir haciendo juntos?

il y a 19 heures
5 min de lecture

La inteligencia artificial está entrando silenciosamente en lugares que, hasta hace muy poco, considerábamos exclusivamente humanos. Escribe, investiga, traduce, diseña, compone música, resuelve problemas. Y cada día hace más.



Muchas tareas que durante años exigieron formación, experiencia y largas horas de trabajo pueden realizarse ahora en cuestión de segundos. Es fascinante. Pero mientras observamos todo lo que la tecnología empieza a hacer por nosotros, emerge un interrogante de carácter ético y social que resulta todavía más urgente: ¿Qué sucederá con aquello que nosotros necesitamos vivir con otros seres humanos?


Porque una cosa es automatizar una tarea y otra, muy distinta, es reemplazar la experiencia de la cohesión social y el sentido de pertenencia.


El modelo THRIVE y la salud espiritual como desarrollo humano


Desde la psicología del desarrollo y la psicología positiva, la investigadora Pamela Ebstyne King (2020) propone una perspectiva especialmente sugerente para analizar esta transición tecnológica. Su modelo THRIVE plantea que la salud espiritual y el desarrollo humano óptimo pueden comprenderse a través de seis dimensiones fundamentales:


  • Trascendencia: Que nos invita a mirar más allá del yo inmediato y del individualismo egocéntrico.

  • Hábitos y ritmos: Que nos ayudan a convertir aquello que valoramos en una práctica cotidiana estructurada.

  • Relaciones y comunidad: Que nos recuerdan que el ser humano no se desarrolla de manera aislada, sino mediante el capital social dinámico.

  • Identidad y narrativa: Que nos permiten comprender quiénes somos y qué historia biográfica estamos construyendo.

  • Vocación y propósito: Que nos conectan con aquello que sentimos que merece nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra autorrealización.

  • Ética y virtudes: Que llevan todo lo anterior a la praxis concreta: la manera en que tratamos a los demás y garantizamos la dignidad del otro.


Lo interesante de este enfoque es que ninguna de estas dimensiones depende exclusivamente de una afiliación religiosa. Hablan, en un sentido sociológico y antropológico mucho más amplio, de cómo construimos una vida con significado.

Visto bajo la lente de los desafíos del siglo XXI, el modelo THRIVE plantea una tesis central: el bienestar humano no consiste solamente en funcionar de manera eficaz o productiva; consiste en estar vinculados, orientados y conectados con un marco axiológico que consideremos valioso.


El trabajo, la identidad y el vacío automatizado


Aquí aparece uno de los grandes debates de nuestra era. Durante generaciones, el trabajo ocupó un lugar central en la organización social. Nuestra profesión nos proporcionaba ingresos, pero también identidad, estatus, reconocimiento, estructura cotidiana y un profundo sentido de utilidad social.


¿Qué ocurrirá cuando una parte creciente de nuestras capacidades cognitivas y operativas sea realizada o amplificada por un sistema de inteligencia artificial?

Aunque la gobernanza global y las ciencias sociales aún no conocen todas las respuestas, este modelo nos ofrece un mapa analítico para formular mejores preguntas normativas y existenciales:


  • Si cambia nuestra relación con el empleo, tendremos que resguardar nuestra vocación y propósito frente al vacío existencial.

  • Si las pantallas y las dinámicas algorítmicas fragmentan el espacio público, tendremos que proteger nuestras relaciones y comunidades físicas.

  • Si las máquinas pueden producir contenidos e información de manera infinita y automatizada, tendremos que preguntarnos críticamente qué queremos contar sobre nosotros mismos: nuestra identidad y narrativa.

  • Si nuestra atención se encuentra permanentemente mercantilizada, necesitaremos hábitos y ritmos regulatorios que nos permitan volver a nosotros mismos y a la alteridad.

  • Si la tecnología puede satisfacer necesidades individuales con enorme inmediatez, quizá requiramos rescatar la dimensión colectiva que nos trasciende.

  • Finalmente, cuanto mayor sea nuestro poder tecnológico, mayor será la urgencia de fortalecer nuestras virtudes y decisiones éticas.


Es aquí donde la conversación sobre la espiritualidad y los valores deja de ser una cuestión mística o privada y se convierte en un debate prioritario de derechos humanos y políticas del desarrollo.


La paradoja de la hiperconectividad y el derecho a pertenecer


Podemos estar rodeados de herramientas extraordinariamente inteligentes y, al mismo tiempo, experimentar un profundo desasosiego. Podemos permanecer conectados a la red y sentirnos solos. Podemos interactuar con una interfaz a cualquier hora, recibir respuestas inmediatas y desarrollar proyectos desde nuestra habitación. Sin embargo, esas posibilidades no garantizan, por sí mismas, que nos sintamos parte de una comunidad. La conexión digital puede facilitar encuentros y sostener relaciones, pero una interacción con un sistema automatizado no equivale, por sí sola, a una relación humana de reciprocidad y responsabilidad compartida.


Pertenecer a una amistad, a una familia o a una comunidad implica algo más que intercambiar información. Supone encontrar espacios donde podamos aprender, contribuir, crear, conversar, equivocarnos y volver a intentarlo; espacios donde nuestra presencia importe y donde también asumamos responsabilidades hacia los demás. Hay experiencias cuyo valor no se agota en obtener un resultado o una respuesta rápida: reside en compartir el camino y sostener juntos la incertidumbre mientras buscamos una respuesta.


Esta dimensión relacional tiene antecedentes en distintas tradiciones de pensamiento. La ética judía ofrece, por ejemplo, una formulación especialmente sugerente en una enseñanza de Hillel recogida en Pirkei Avot: «Si soy solo para mí, ¿qué soy?» (1:14, traducción propia). Leída en el contexto de este ensayo, la pregunta invita a considerar los límites de una vida centrada exclusivamente en el interés individual y el lugar de nuestra responsabilidad hacia los demás.


Esta enseñanza puede ponerse en diálogo con la psicología contemporánea, sin equiparar sus fundamentos ni sus métodos. Un texto ético propone orientaciones sobre cómo vivir; la investigación psicológica estudia la experiencia y el desarrollo humanos mediante sus propios procedimientos. Su diálogo no demuestra que ambas perspectivas sean equivalentes, pero puede enriquecer nuestra reflexión sobre el significado de los vínculos.

Ante la expansión de la inteligencia artificial, esta reflexión adquiere una nueva relevancia: ¿cómo aprovechar sus posibilidades y, al mismo tiempo, cultivar relaciones en las que podamos reconocernos, cuidarnos y asumir responsabilidades mutuas? Más allá de lo que podamos hacer individualmente con ayuda de la tecnología, queda abierta una pregunta: ¿qué formas de vida compartida queremos sostener?


Hacia un enfoque humanocéntrico de la tecnología


Pienso que el verdadero reto de nuestra generación es recuperar y blindar institucional y emocionalmente los espacios donde podamos encontrarnos de verdad: grupos de estudio, círculos de conversación, voluntariados, proyectos colaborativos y comunidades de pensamiento. Espacios donde el individuo sea reconocido y valorado no por su métrica de productividad, conocimiento o rendimiento económico, sino por su aportación ética a la vida de los demás.

Cuanto más capaces sean las máquinas de ejecutar, resolver y producir, más imperativo se vuelve proteger aquello que carece de utilidad transaccional: el estar presentes, el escuchar de forma activa, el acompañar en el sufrimiento, el construir confianza mutua, el cuidar del vulnerable y el amar.

La inteligencia artificial no nos obliga a elegir de forma binaria entre la técnica y la naturaleza humana. Nos obliga, por el contrario, a definir con mayor rigor, urgencia y claridad qué entendemos por humanidad.


Cuando los sistemas automatizados asuman la carga de lo repetitivo e incluso de lo complejo, la pregunta fundamental de los Derechos Humanos del futuro no será qué tareas podemos delegar en el algoritmo, sino: ¿Qué experiencias elegiremos, de manera soberana y consciente, seguir viviendo juntos?




Referencias bibliográficas :

  • King, P. E. (2020). Thriving in adolescence: The role of spirituality and positive youth development. Routledge.

  • Unión Europea. (2024). Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (Ley de Inteligencia Artificial). Diario Oficial de la Unión Europea.

 
 
 

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